Trilostano para perros con síndrome de Cushing: dosis y cuidados
El hiperadrenocorticismo canino (comúnmente conocido como síndrome de Cushing en perros) es una de las endocrinopatías más diagnosticadas en medicina veterinaria. Esta afección se caracteriza por una producción excesiva de cortisol por parte de las glándulas suprarrenales, consecuencia generalmente de un adenoma hipofisario o, en menor medida, de tumores adrenales.
En la actualidad, el fármaco más utilizado para su tratamiento es el trilostano, un inhibidor reversible de la enzima 3β-hidroxiesteroide deshidrogenasa, que reduce la síntesis de cortisol logrando un control eficaz de los signos clínicos.
Mecanismo de acción y ajuste de dosis
El trilostano actúa de forma reversible, lo que permite ajustes flexibles en la dosificación según la respuesta clínica y los resultados del test de estimulación con ACTH.
Estrategia de Dosificación | Recomendación Técnica | Frecuencia |
Dosis Inicial Sugerida | 0.8 a 1.0 mg/kg | Cada 12 o 24 horas |
Ajuste según Respuesta | Según monitoreo clínico y bioquímico | Individualizado |
Estudios recientes sugieren que administrar una sola dosis diaria puede ser suficiente en muchos casos, aunque algunos pacientes se benefician de una dosificación dividida para mantener niveles más estables. La monitorización constante es clave para evitar efectos adversos por exceso de supresión adrenocortical.
Monitoreo clínico y bioquímico
El monitoreo debe ser integral. Aunque el test de estimulación con ACTH es el método estándar, la evaluación clínica cobra cada vez más importancia. La mejora en signos como poliuria, polidipsia, polifagia, alopecia simétrica y distensión abdominal debe guiar el ajuste terapéutico.
Esta perspectiva permite optimizar el bienestar animal sin depender exclusivamente de parámetros hormonales, especialmente cuando el reactivo para el test de ACTH tiene disponibilidad limitada.
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Seguridad y efectos adversos
El trilostano presenta un perfil de seguridad favorable. Los efectos adversos más comunes incluyen letargo, vómitos, diarrea e hipoadrenocorticismo iatrogénico. La detección temprana de estos signos y la comunicación constante con el médico veterinario son fundamentales para preservar la estabilidad del paciente.
Consideraciones finales para el éxito del tratamiento
El manejo del hiperadrenocorticismo exige una precisión farmacológica rigurosa. Es importante considerar que la potencia de las preparaciones magistrales puede ser inestable; por ello, el uso de opciones de alta calidad como Vetoryl®, especialmente formulado para esta patología, representa el estándar de seguridad recomendado.
Artículo citado en: Today's Veterinary Practice
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